miércoles, 30 de abril de 2014

¿Y por qué nos cuesta tanto ser felices?

Hola,

Encontré este artículo (escrito por Mónica Carrillo) en la revisa Grazia (a la que le doy los créditos) y me hizo pensar bastante, así que, aquí os lo dejo.







LA FELICIDAD ES UN ARCANO DIFÍCILMENTE REDUCIBLE A NÚMERO NI A FÓRMULAS. ¿EL DINERO? ¿LA GENÉTICA? ¿EL ÉXITO? SÓLO EN EL AMOR HAY RESPUESTAS.

1. PORQUE NO ES TAREA FÁCIL.

Alcanzar la felicidad es un anhelo universal. Ricos, pobres, jóvenes o viejos, todos ansiamos ser felices. No será un asunto baladí si todavía no hemos encontrado la fórmula exacta que nos resuelva la ecuación. Des la filosofía a la ciencia, pasando por la religión, a lo largo de los siglos el ser humano ha intentado despejar la incógnita para conseguir una dicha que no se antoja sencilla.

viernes, 25 de abril de 2014

Cuento reflexivo: el cuenco de barro

Vivía a las afueras de la ciudad, un matrimonio muy pobre con su hija pequeña y uno de sus abuelos. El anciano estaba tan mayor, que sus manos temblaban al comer, y acababa rompiendo algún cubierto o un plato. La mujer, completamente enfadada, le dijo:

- ¡Cómo sigas así, acabarás rompiéndome toda la vajilla! Saldré afuera, cogeré un puñado de tierra, lo mezclaré con agua y te haré un cuenco de barro. Así, ya no me romperás más platos.

Al día siguiente, el anciano rompió nuevamente el cuenco de barro, habiéndose hecho pedazos. Esta vez, el padre fue el que comenzó a gritarle:

¿Quién es Agamenon?




Agamenón es uno de los más distinguidos héroes de la mitología griega cuyas aventuras se narran en la Ilíada de Homero. Hijo del rey Atreo de Micenas y de la reina Aérope, y hermano de Menelao, debido a la antigüedad de las fuentes no está claro si es un personaje histórico o puramente mítico.



lunes, 21 de abril de 2014

Cuento reflexivo: Éxito, Riqueza y Amor.

Una mujer salió de su casa y vio a tres ancianos con barbas largas sentados frente a su jardín. Como no los conocía, les dijo: "No creo conoceros, pero tal vez tengan hambre. Por favor, entren a mi casa y coman algo". Ellos preguntaron:

- ¿Está el hombre de la casa?

- No - contestó ella.

- Entonces, no podemos entrar - dijeron ellos.

Al atardecer, cuando llegó el marido, la mujer le contó lo sucedido y él dijo: "Diles que les he invitado a pasar". La mujer salió a invitar a los hombres a entrar a su casa.

- No podemos pasar los tres juntos - explicaron los ancianos.

- ¿Por qué? - quiso saber ella.

domingo, 20 de abril de 2014

Cuento reflexivo: Atrapados en la mina

Un grupo de seis mineros trabajaban en lo más profundo de una mina cuando se produjo un derrumbamiento que los dejó atrapados. El principal problema era que el equipo de salvamento apenas tendría tres horas para sacarlos de allí, ya que el oxígeno no duraría mucho más. El jefe de la cuadrilla sabía que la clave era mantener la calma y minimizar el consumo de aire respirable. Por ello, tras hacer que apagaran todas las lámparas, les ordenó tenderse en el suelo y esperar. Sólo uno de estos hombres disponían de reloj, por lo que todos sus compañeros no paraban de preguntarle, angustiados:

"¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Cuánto falta para que nos saquen de aquí?".

El jefe se dio cuenta de que esto sólo contribuía a ponerlos más nerviosos y, con la ansiedad, a gastar más oxígeno. Por eso, sugirió que fuera el minero que tenía el reloj quien les avisase cada media hora. Consciente de lo difícil que sería decirles que el tiempo se agotaba, el minero añadió una estrategia: iría añadiendo minutos a esa media hora para engañarles y lograr que aguantasen más sin darse cuenta. Su idea permitió que los sacasen de allí tras más de cuatro horas de espera. Todos sobrevivieron menos uno: el que llevaba el reloj.



Fuente: Revista Pronto.

miércoles, 2 de abril de 2014

Cuento reflexivo: El león y su reflejo

Un león se aproximó a un lago empujado por la sed y, al acercarse a la orilla, se sobresaltó tras ver su rostro reflejado en las tranquilas aguas.

- Tendré que tener mucho cuidado con ese león tan fiero. Seguro que es el dueño del lago - se dijo a sí mismo el asustado felino.

Pero era tanta la sed que tenía que, de nuevo, dirigió sus pasos al lago. En esta ocasión abrió las fauces amenazadoramente y al ver que el reflejo hacía lo mismo sintió terror. El pobre y sediento león salió como alma que lleva el diablo. Sin embargo, la sed era más fuerte que el miedo, por eso volvió a la orilla en repetidas ocasiones sin probar ni una gota de agua hasta que un día ya no pudo contenerse más. Armado de valor y determinado a calmar, por fin, la sed, decidió poner fin a su padecimiento. Bebería, sucediese lo que sucediese.